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De los héroes

14 sept 2022
4 min de lectura
«¿Qué diré de vuestras gloriosas hazañas, sino que son tales que son imponderables e insabibles? […] Muy bien sé que descendéis de un ingrato y que tenéis parentesco con los Caínes fratricidas, con idolatras Nabucos, con las prostitutas Dalilas, con los sacrílegos Baltasares, con los malditos Canes, con los traidores Judas, con los pérfidos Sinones, con los Cacos ladrones, con los herejes Arrios, y con multitud de picaros y picaras que han vivido y aún viven en el mundo con nosotros.»

Fragmento del prólogo y dedicatoria del Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi


A veces quiero romperlo todo, ser un villano que desestabilice el status quo. Reírme mientras el mundo arde, como el Nerón concebido por los cristianos. A veces pienso ser el bueno de mi historia; ser el protagonista no significa ser el bueno. A veces me conformo, porque parece que ya nada vale la pena con el activismo online, los amores de dos semanas y la apatía del mundo analógico.


De niño siempre quise un destino lleno de heroísmo, aun sin ser el mayor fan de los comics de superhéroes. Quiero ser un héroe. Sus nombres resuenan en historias a través del tiempo. Encuentran el amor eterno que va más allá de la carne. Su sacrificio es por algo más grande que ellos mismos. No sé, puede que sean ideas vendidas para niños de los noventa y principios del siglo. No veo nada heroico en mí.


Crecí escuchando las historias de Gilgamesh y Heracles. Crecí con la idea de un Sansón menos vengativo, más fuerte y recto. Rectos. Los héroes deben de ser rectos. Su rectitud no es como la de Gautama Buda, con un recto actuar y pensar y sentir; es como la de los humanos que los admiran. Los humanos podemos ser brutales; por eso es impresionante hacer lo correcto.


Las películas dicen que se forjan en la guerra los grandes hombres, supongo que pronto también será la forja de grandes mujeres. Curiosamente Hitler pensaba igual y tuvo su Gran Guerra que lo decepcionó y lo dejó sin gloria. Es el villano que representa la maldad humana, aunque los hemos tenido peores. Se alzan Stalin y Mao como héroes de hierro con los pies esculpidos en el barro de sus males necesarios. Hombres que hicieron lo que necesitaban para cumplir sus sueños. Siempre he pensado que los tiburones de internet están mas cerca de la ideología de los padres del comunismo opresor que de Adam Smith.


¿Pueden ser los héroes las personas que vemos pasar por la calle? ¿Pueden ser los políticos que hacen un buen trabajo? ¿Puede ser Mujica mi héroe sin que tenga que buscar su sombra en el siguiente presidente que se autodenomine diferente? ¿Qué tan ejemplar ha de ser alguien para poder ser un héroe? Parece que no nos queda nada más que la oscuridad de nuestros egoísmos y nuestras decepciones. A los catorce soñé ser Orfeo, rescatar a Eurídice del infierno. Crecí para ser Hades robando la primavera del mundo porque ama demasiado a Perséfone. No te preocupes, Deméter, esta Perséfone no ama al Hades que en su reino de letras muertas hiere, tan sólo hiere.


Admiramos a los héroes por su capacidad de sacrificar lo que quieren para ellos por el bien de los demás. Sacrificio. No me gusta el dolor, me asusta y rehúyo de él como un perro que huye de un maltratador desconocido. Y muerdo, claro que muerdo. A veces endiosamos a perros rabiosos que lastimaron a miles, pero hay que reconocerlos ¿no? Como al psicópata de Villa. Lastimar en nombre de sus ideales parece un acto indigno. El mundo es violento y vives en esa violencia en mayor o menor medida, si la evades puede destruirte. Si la adoras te consume.


Zapata, Hidalgo, Morelos y los que te vengan a la mente, no son de carne y hueso, sino que su piel es papel y óleo y por sus venas corre tinta. Porque forjaron la nación y sin sacrificios algo así de grande no se logra. ¿Qué obtuvieron recompensas y tenían intereses? Puede que gracias a ello fueran de verdad heroicos.


Las personas de carne y huesos y sangre somos débiles, lujuriosos, terribles. Los de papel están pulidos y no tienen defectos; si los tienen es para que sean más humanos. Los héroes son un mito.


Quiero ser una persona llena de heroísmo. Y el mito me enseña que hay personas nacidas para la grandeza. No, más bien hay personas que nacen y se hacen grandes en base a las elecciones que hacen en sus vidas. Porque podemos elegir quedarnos callados y dejar que las injusticias pasen a nuestro alrededor por la apatía, el conformismo o incluso el miedo. O puedes alzar la cabeza y decir yo no voy a hacer eso, no nos trates así.


Puedo elegir ver los estigmas de la realidad de los héroes patrios y pensar que no hay nada sagrado en esta tierra oscura. Puedo pensar que todo esta terminado y nada vale la pena para luchar. Que los amores son finitos y se pierden en dos semanas o una serie de malentendidos. Que nadie hace nada por nadie.


Elijo vivir mi vida cobijado por el ideal. Sacrificarse duele, pero es necesario para encontrar la virtud que busco. Aun si no soy patriota no puedo dejar de admirar el sacrificio de otras personas. Los héroes son un mito que pervive porque siempre necesitaremos que nos muestren que no todo se hace por uno mismo. Hay cosas por las que vale la pena luchar, por las que vale la pena vivir. Todo depende de que tan dispuesto estés a ser un héroe.


Voy a ser un héroe, porque esté, como cualquier otro, es un gran día para morir.

Chao.


Les comparto esta breve reflexión con motivo de las fiestas patrias. Como siempre si deseas hacer algún comentario o aporte, aunque sea contrario a lo expresado en el texto, tienes mi apoyo para hacerlo en comentarios o a mi mail. :3.


 
 
 

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