Del tiempo
«… la vejez es sufrimiento …».
Sutra de las cuatro nobles verdades.
¿Te has preguntado qué es el tiempo? Se conoce como tiempo a la duración de las cosas sujetas a cambio que determinan las épocas, períodos, horas, días, semanas, siglos. Tiempo procede del latín tempus. Si lo piensas en profundidad es algo más complejo de lo que parece. ¿Acaso el tiempo puede existir sin nosotros de por medio? El tiempo es una percepción de los seres humanos. Ni siquiera puedes ver el tiempo, sino que lo sentimos. A veces lo sentimos pasar rápido, a veces lento, pero esto depende de nuestra percepción.
Entonces percibimos que se nos acaba el tiempo. ¡Tempus fugit! Gritan las masas. ¡Memento mori! Dicen tratando de seducirte. Quieren que bebas, que bailes, que tengas sexo, que compres una casa, que triunfes. ¡Que triunfes, puta madre! El tiempo es muy corto y no puedes desperdiciarlo, porque entonces ¿Cuándo tendrás tu casa? ¿Y tu pareja? Los hijos, los muebles, los aparatos, el triunfo, el éxito.
El mundo mismo te presiona para que seas lo que ellos quieren que seas, lo que perciben como bueno, como grande, y tiene que ser rápido… O tal vez ni si quiera es el mundo, sino que son las compañías. Pienso que son las compañías las que rigen el mundo en secreto sin que te des cuenta o sin que te quieras dar cuenta de verdad porque siempre te dan lo que pareces querer y lo que les dices necesitar. Muchas veces no sé identificar quien o que es producto de qué. Y todo esto, que suena fácil, pero es una enorme maraña de complejas interpretaciones del mundo en el que vives, todo esto, repito, te hace sentir viejo.
El tiempo parece que se nos escurre entre los dedos sin que podamos llegar a hacer nada de verdad y todo va a un ritmo tan vertiginoso que no vas a acabar de disfrutar de verdad el teléfono que te acabas de comprar cuando ya te han hecho desear el que viene. El que ya se está diseñando.
Es imposible que vallamos al mismo ritmo.
Es imposible, pero eso no nos impide desearlo con fuerzas. Y cuando vas saliendo de la escuela te urge conseguir trabajo, no ser un parasito. Y tener una casa en la que puedas vivir, una casa en la que pudieras mantener a una familia, no tanto porque quieras sino porque son los cánones de éxito que nos han hecho creer. Vive rápido y deja un lindo cadáver, reza la ideología punk, con la que estoy levemente de acuerdo excepto en el hecho de que si no eres famoso… ¿de que te sirve dejar un lindo cadáver? El club de los 27 es la manera en la que adoramos la juventud. Yo también lo hago, aunque de manera más discreta.
A mis amigos les cuesta trabajo envejecer. No sólo a los que tienen mi edad o son mayores, los cuales extrañamente son muy pocos, sino también a los más chicos. El 90% de mi circulo social tiene entre 5 y 7 años menos que yo. Entonces muchos de ellos, que son mejores con las redes sociales de lo que yo soy, tienen la idea de que no quieren desperdiciar su vida en un trabajo remunerado en el cual su esfuerzo será menospreciado. Quieren tener un negocio, hacer algo grande. ¡Triunfar, puta madre, triunfar! Tienen 20, 22 años y no han hecho nada. Mi interés romántico, alcoholizados o eufóricos, me dijo una vez que llegar a los 25 sin tener nada propio es fallar en el mundo. No entiendo que desea el mundo de mí. Me gritan memento mori, disfruta el momento, pero al mismo tiempo tengo que desarrollarme y ser el mejor. ¿El mejor qué? ¡Y qué si no me da la gana ser mejor! Seré juzgado como el epitome de la mediocridad. Porque tienes que ser jefe, y luego jefe de piso y gerente y regional y llegar tan alto que los dueños de la empresa te hablen como si no fueras un empleado más. Se saben tu nombre, te hablan directamente y trabajas para ellos. Aun trabajas para ellos. Pero tienes 34 y el limite es el cielo, Imagínate donde vas a estar a los 40...

Abril, casa de Daniel. Hay varias botellas en la mesa. El Bacardí blanco ya casi se acaba, como la celebración de su cumpleaños, que mengua en un par de sujetos en la mesa con tragos a medio beber, escuchando canciones viejas, melancólicos. Con tanto alcohol en el sistema todo parece más triste.
—Ya estoy viejo —dice de pronto Daniel.
—No manches, si estamos en la flor de la juventud, we.
—Soy más grande que tú, pendejo.
—Por ocho meses, pendejo —aunque la respuesta no me alivia la incomodidad. Por eso doy otro sorbo grande al vaso.
No puedo evitar mirar el cabello teñido de mi amigo y encontrar una explicación tan obvia que es imposible que sea la primera vez que soy consciente de ella. Tan dolorosa que explica el porque la he obviado por meses.
Ni siquiera estamos cerca de los treinta, o eso me parece. Caemos en esa espiral absurda. De la chica que me atrae y piensa que desperdiciamos nuestras vidas. De la chica que lo dejo a él porque quiere tener hijos. De su anhelo de formar una familia. Del miedo que se cierne sobre nosotros. El miedo a que esas fueran las ultimas mujeres en nuestras vidas, a los minutos que me quita el cigarrillo entre mis dedos. A las arrugas que eventualmente se formaran en nuestros rostros. Miedo a envejecer.
Temo a la noción de que la vejez es expirar en los brazos de la obsolescencia, ni siquiera de la muerte. Que difícil saber que en tu cuerpo también hay fecha de caducidad, dice la canción Alma de Mago de Oz. Yo pienso que es más difícil saber que la fecha de caducidad ni siquiera está en la muerte, sino que cada vez se reduce. La vida es larga, tan larga que a veces puede parecer pesada. A nosotros nos parece corta y siempre nos hace falta disfrutar un poco más. Siempre más. Más sexo, más alcohol, más estímulos, más juventud.
¿Alguna vez dejaré de aprender el oficio al que he decidido dedicar mi vida? Hay días en los que la soberbia me desborda, estoy en la recta final. Por fortuna cada libro y cada ensayo y cada video y cada novela me hacen darme cuenta de lo mucho que me falta. Hoy puedo ver el producto del tiempo en los escritos que me parecen un poco menos detestables, un poco más cercanos a lo que me gustaría que fueran. Es entonces cuando acercarse cada vez más al final parece tener un sentido. Un sentido que a veces se nos olvida. Siempre que estés dispuesto el tiempo te hará crecer y cambiar y ser mejor en muchos aspectos que la juventud no concibe.
Entonces la vejez que acecha desde mi subconsciente se convierte en chistes crueles sobre el peso de los años sobre mis cansados huesos. Chistes como que soy Andrew Garfield en Tick tick Boom, queriendo triunfar antes de los treinta.
Y parece normal, un buen paliativo para el miedo de perder tiempo y fracasar. Para ignorar que tengo más de veinticinco y no tengo nada que pueda decir mío. Amor solo puedo ofrecerte palabras y la promesa de amarte hasta que ya no puedas. No puedo decir que estoy conforme con mi vida, ni con mis decisiones. ¿Quién en verdad lo está? Si volviera a vivir cambiaria algunas cosas de mi vida, aun si dejase de conocer a algunos de ustedes. No puedo decir que estoy conforme con mi vida, pero tampoco estoy disconforme con ella. Desilusionado, confundido y con miedo, tal vez es la manera correcta de describirme.
¿Has conocido a alguien que le tema al tiempo? Yo le temo, un gusto. Y no me refiero al paso de las horas, lo minutos o los días. Me refiero a ese tiempo abstracto que corre detrás de ti, persistente. Hasta que te das cuenta de que no puedes huir de él, sino que te acompaña todo el camino. Le temo al tiempo abstracto que los mayores dijeron se me escapaba entre los dedos mientras era el bobo de siempre. Me da miedo pensar que ellos tenían razón, que es tarde, que se me acaba el tiempo.
Tiempo, ente maravilloso. Todo lo que hago, lo que hice, lo que haré fluyendo en mi mente, en mis palabras. ¿Ves amor? Las palabras no son tan insignificantes como parecen. El tiempo se me va o ya se fue, o simplemente me sucede aquí y ahora. Desde aquí no veo un mañana claro ni un ayer que no sea distante, tanto que ya no importa sino por la manera en la que me ayudo a configurar este instante. Y entonces entiendo al profeta: vanidad de vanidades, todo es vanidad.
Tan vano como para sacarme los temores y publicarlos, esperando que repercutan en alguien, en su tiempo. Soy vanidoso como para dejarte saborear mis miedos, rozar mi alma. Vanidad de vanidades, ni siquiera espero apoyo o comprensión, quiero que lo leas. Que lo leas mientras yo sigo viviendo, mientras me acerco a mi fecha de caducidad. Si soy un producto quiero que me consumas y tu tiempo conmigo sea placentero. Y si eso ocurre tendré algo parecido a la calma, a la paz, a la resignación.
Chao

Por cierto, si te interesa el tema podemos chatear, aunque tal vez tarde un poco en responder, puedes poner un comentario o mandarme un correo. Hasta pronto.




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