Genesis
Lo que me consta es que Dios nos hizo a su imagen y por ello somos semejantes.
Porque en el principio estaba todo, mezclado, hasta que se hizo consciente de que flotaba, sumido en la viscosa nada. Y fue la primera división.
El vientre cálido de la nada lo acogió en su oscuridad protectora, tratando de retenerlo en el placer del sueño. Resistiendo la pereza, abrió los ojos lento, proyectando la luz que brillaba en su espíritu a través de sus ojos, alumbrando las partes del todo. Fueron la luz de la vida y la oscuridad de la muerte.
Entre destellos y sombras vio al destino estático. Porque en el principio no se movía el tiempo, sino que era parte del todo que se mantenía en el vientre cósmico. Pero las divisiones creadas por el ser no se detenían. El Recién Despertado empezó a estirarse, generando espacio que se expandió rápido, llenando la nada que no tuvo más remedio que derramarse, desgarrando el todo, dividiéndolo.
El Destino la siguió con pereza hacia el futuro, perdiéndose en cientos de caminos hipotéticos, posibles, simulando ser ineludible y cruel.
Una vez fuera del vientre, el Despierto limpió los residuos de placenta cósmica de su pelaje con la lengua, empezando por las patas, acumulando la sustancia en su estómago, mezclándola con su pelo, su saliva y sus jugos gástricos. La sustancia semidigerida se acumuló en su estómago hasta llenarlo.
En medio de arcadas escupió una bola comprimida, densa. Materia entrelazada, trenzada en posibilidades. Una pelota atractiva para jugar. La movió de un lado a otro, haciendo que
absorbiera la sustancia de la placenta, haciéndose cada vez más grande. Hasta que fue tan grande que ocupaba casi todo el espacio que no podía expandirse tan rápido.
La pelota presionó la nada y el espacio hasta que no resistieron más y se agrietaron. La grieta se expandió violenta, reventó la bola y la nada y el espacio, la materia y el destino, la oscuridad y la luz, todo fue lanzado tan lejos que el recién nacido apenas alcanzaba a ver los bordes. Y fue tan grande la explosión que se siguen expandiendo en el presente.
Y los pelos etéricos del Despertado se esparcieron por las divisiones del todo, partículas unidas por la conciencia única que se fragmento en cientos, en miles, en millones. Y su conciencia latió por todo el universo, el conocido y el desconocido.
Y su consciencia latió por todo el lugar. Y maullo. Y algunos fragmentos crecieron y se volvieron las criaturas de todos los mundos. Criaturas que siguen creyendo que son distintas, que son individuales, sin saber el secreto último: somos parte del todo.





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